Diario de Viaje: Sri Lanka en Familia

Diario de Viaje: Sri Lanka en Familia

Sri Lanka en Familia, donde hicimos nuestra última incursión en Asia. Es un viaje que se nos quedó pendiente en la Pandemia y que hemos retomado para las vacaciones de verano aprovechando que tenemos más días.

Volamos con Etihad a Colombo, la capital del país, pero como nuestra idea era finalizar una última noche allí, decidimos comenzar ruta nada más llegar.

Día 1: Llegada y visita de Galle y Weligama

Nos recibió en el aeropuerto nuestro guía Anthony, con el que hicimos una ruta circular por todo el país que nos llevó de norte a sur porque era la forma más idónea de poder disfrutar unos días de playa durante el verano.

Bajamos por la autopista bordeando el suroeste de la isla, y mientras recorríamos kilómetros nos sorprendió lo verde y virgen que resultó ser el entorno. Llegamos a desayunar al que iba a ser nuestro hotel para esa primera noche en Galle, el Jetwing Lighthouse, con un estilo colonial representado en sus habitaciones y su espectacular escalera de entrada repleta de esculturas.

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Viajar con Niños a Sri Lanka

Al viajar con un niño siempre intentamos adaptar los planes un poco para él, así que fuimos a ver un centro de recuperación de tortugas. Estos centros tienen el fin de proteger, preservar y rehabilitar estos animales impidiendo que depredadores o personas se los lleven.

De los 7 tipos de tortugas marinas que existen en el mundo, en Sri Lanka se pueden encontrar 5 de ellos, lo que hace de este país uno de los más ricos en lo que a fauna marina de tortugas se refiere.

Aprovechamos nuestra ruta para continuar hasta Weligama y ver sus famosos pescadores zancudos y terminamos el día en Galle, donde hicimos cambio de divisas. Esta ciudad emana historia por cada una de sus callejuelas con toques de reminiscencia de su pasado portugués, holandés y británico, dando un resultado único. Su punto más famoso es sin duda el faro, pero merece mucho la pena emplear tiempo en recorrer su muralla y ver la vida local: pequeños puestos de comida, familias y amigos jugando al cricket, etc.

Día 2: Parque Nacional de Yala

Continuado por el sur hacia el este llegamos al Parque Nacional de Yala, sin duda el más conocido del país. Esperamos a primera hora de la tarde para adentrarnos en un Jeep por el parque y recorrer los diferentes ecosistemas. Tuvimos la oportunidad de ver numerosas aves, jabalís, búfalos de agua, pavos reales y ¡hasta un oso de refilón! Cierto es que el famoso leopardo se nos resistió, pero lo utilizaremos de excusa para poder regresar en un futuro.

De la misma cadena, nos alojamos al final del día en el Hotel Jetwing Yala, a pie de mar y sin duda con uno de los mejores buffets por su variedad y calidad. Os recomendamos cenar en la terraza y probar sus platos hechos al estilo barbacoa.

Una de las cosas que nos llamó la atención fue el cartel de su entrada donde van apuntando las fechas de los últimos avistamientos de animales dentro del complejo, y la mayoría hacía pocas semanas o incluso días.

Día 3: Ella

Dejamos el sur para adentrarnos poco a poco en la Zona Montañosa de Ella y la carretera comenzó a ser más suntuosa y a reflejarnos por qué el alquiler de coche no es una buena opción para turistas: se conduce por la izquierda y hay que estar dispuesto a esquivar numerosos vehículos como tuk-tuks, veloces autobuses o motos mezclados con animales o gente que camina por los arcenes casi inexistentes, ¡toda una experiencia solo apta para los más experimentados! Sin duda, no es algo que pueda aconsejar.

En mitad de la carretera nos sorprendió la primera de las cascadas, Ravana, en mitad Ella Gap y con unas vistas de 360 grados que enamoraban miraras donde miraras.

Seguimos subiendo y llegamos finalmente a Ella y sus empinadas calles, donde se halla un pequeño centro con restaurantes y tienditas muy apreciado sobre todo por viajeros que buscan una experiencia más natural que les permita hacer trekkings y rutas por la montaña.

Puente de Nine Arches

Por los días que teníamos solo pudimos hacer una noche, pero sin duda recomiendo hacer dos noches en Ella y descubrir un día las Cataratas de Diyaluma, y otro continuar con lo que nosotros realizamos: el Puente Nine Arches y el trekking de Little Adams Peak.

Nuestro guía nos puso en contacto con un conductor de tuk-tuk con el que vimos una de las imágenes más bonitas y emblemáticas como era el paso del tren por el Puente de Nine Arches. Este puente, al igual que toda la infraestructura ferroviaria del país, fue introducida por los británicos en los siglos XIX y XX para transportar mercancías por todo el país y hoy en día es un gran reclamo turístico sobre todo en rutas como esta.

Tras unos cuantos escalones, bajamos hasta las vías del tren y conseguimos verlo pasar de nuevo esta vez a nuestro lado.

Little Adams Peak

El día finalizó con la subida a Little Adams Peak y el regalo de sus impresionantes vistas desde lo alto rodeados de montañas de tonalidades verdes y pequeñas plantaciones de té. Es un trekking apto para la mayoría de las personas (nosotros lo hicimos con un niño de 5 años) y realmente merece la pena el pequeño esfuerzo.

Durante esta visita existe la posibilidad de tomaros fotos en un columpio en la parte baja de la montaña o también a mitad de la subida para los más aventureros existen las tirolinas de Flying Ravana, de más de medio kilómetro de longitud que hacen vivir la experiencia y el entorno con una descarga de adrenalina. En cuanto a precio, el columpio no nos pareció que estuviera mal, rondaba entre los 10 y 15€ en función de las personas que subieran, pero la tirolina después de unos días viendo los precios del país nos pareció un poco cara (en torno a 35€ por persona).

Fue una lástima poder disfrutar poco tiempo del hotel de esta noche porque era impresionante. Jetwing Kaduruketha es la esencia de Sri Lanka, un hotel situado en mitad de plantaciones que utiliza sus propios recursos para abastecerse de productos naturales y auténticos que ofrecer a sus huéspedes. A nuestra llegada nos explicaron cómo funcionaba todo en él y nos facilitaron un teléfono con un número de contacto de la persona que estaba a nuestra disposición. Con ella y con el resto del personal disfrutamos de una cena con un menú a la carta cuidado y repleto de sabores.

Día 4: Nuwara Eliya

Nos despertamos y según abrimos las puertas de nuestra villa descubrimos a los trabajadores locales con la recolección justo delante nuestro.

Esta mañana íbamos con hora porque teníamos los billetes para montar a bordo del tren desde la estación de Ella a Nanuoya. Si hacéis este tramo de ruta en un sentido u otro, es de las experiencias más recomendables y únicas. Tuvimos la suerte de que nuestros billetes eran en primera clase, una primera clase de Sri Lanka por supuesto, pero con unas vistas que muchos itinerarios envidiarían. Este vagón va el último del tren y dispone de un ventanal panorámico al final para tomar videos o hacer fotos durante el recorrido.

Esta ruta toma un total de 3 horas aproximadamente. Comenzamos atravesando verdes plantaciones de repollos, arroz y pequeñas casas para cambiar el paisaje por perfectos arbustos de té en las montañas. Además del paisaje, el clima también cambió de forma radical: del calor de Ella nos metimos en la lluviosa zona central del país. Y como ya nos habían advertido que los trenes eran británicos, pero no precisamente por su puntualidad, estuvimos más de una hora y cuarto parados porque la vía era única y coincidía que tenía que pasar un tren con dirección sur, y hasta que no lo hizo permanecimos parados… ¡anécdotas de la vida local.

En Nuwara Eliya nos esperaba el Hotel Jetwing St Andrews, de estilo colonial británico situado en la ladera de la montaña, donde disfrutamos de la chimenea y sus gin-tonics en el bar, y aprovechamos para descansar y jugar a juegos de mesa porque la tarde siguió lluviosa y fría.

Tren Ella Nanu Oya
Tren Ella Nanu Oya
Tren Ella Nanu Oya

Día 5: Kandy

Desayunamos y nos pusimos a primera hora en ruta para poder visitar la plantación de té y su fábrica. Recorrimos la fábrica de Damro, una de las más importantes y prestigiosas que exporta esta bebida a todo el mundo. Nos explicaron la diferencia entre los diferentes tés, su producción y procesos, y luego pasamos por su tienda a hacer algunas compritas. ¿Sabíais que el té verde y el té negro proceden de la misma planta y el té blanco de otra variedad diferente mucho más difícil de cultivar? Otro de los detalles es que solo las mujeres tamiles, pueden ser recolectoras de té, dando trabajo este cultivo a toda la familia, y en plantaciones grandes a toda una comunidad.

Al descender hacia Kandy nos sorprendió de nuevo en mitad de la carretera la Cascada de Ramboda donde hicimos parada y algunas fotografías rápidas y continuamos el serpenteante camino de bajada hasta Peradeniya y su majestuoso Jardín Botánico.

Conocido principalmente por sus numerosas orquídeas, Peradeniya es uno de esos lugares donde te gustaría que no pasara el tiempo para poder admirar sus variadas aves y su diversa flora. Árboles, flores, arbustos, todo tiene cabida en este precioso y cuidado parque.

Si no queréis recorrerlo a pie, existen opciones de alquiler de buggies con conductor para poder hacer la ruta.

Después de comer, nos dirigimos a Kandy, uno de los principales centros espirituales del país que acoge el Templo de la Reliquia del Diente de Buda a los pies del lago de Kandy. Compramos en las inmediaciones una ofrenda de flores para depositar en el templo y la llevamos hasta la segunda planta que es donde se encuentra la Reliquia del Diente guardada. Únicamente en las festividades de Perahera (entre julio y agosto) se saca una copia en los desfiles que se hace. Este festival es el principal de la ciudad, y si tenéis la suerte de coincidir en la ciudad durante estas fechas os recomiendo encarecidamente que compréis tiques para verlo desde sus tribunas.

Impresionantes vistas las ofrecidas por el Hotel Amaya Hills desde lo alto de la colina y su impecable trato. Como el día había sido duro, nada mejor para poder terminarlo que un masaje ayurvédico en su spa. Estos masajes se centran en la circulación, el drenaje linfático y la relajación a través de la aplicación de aceites y plantas medicinales, y son toda una experiencia aún poco conocida en occidente.

Día 6: Dambulla

No hay viaje en el que no traigamos algo de calzado o ropa que nos recuerde al lugar, y Sri Lanka no iba a ser menos. Hablamos con nuestro guía y le pedimos que nos indicara el mejor lugar para hacernos con un saari para mí y unos sarongs para los chicos, y allí que fuimos. La cantidad de tejidos y colores era abrumadora, pero salimos vestidos ya para el resto del día.

Pensamos por un momento que quizás lo podían ver como un agravio el vestir como ellos, pero nada más lejos de lo que encontramos. Nos sonreían a modo de aprobación, se hacían fotografías con nosotros, y la verdad es que seguimos sintiendo esa cortesía y afecto que nos habían demostrado desde el primer momento.

De camino a Dambulla paramos en el Jardín de las Especias de Matale. Es interesante ver el origen de las especias, sus árboles y cómo ellos conocen sus propiedades y las convierten en beneficio de la salud o bien para condimentar sus platos, pero sinceramente tampoco merece la pena destinar mucho tiempo aquí. Como en todo lugar que te quieren vender algo, hablaban muchos idiomas y por supuesto español, así que salimos con unos ungüentos y unas cuantas especias para cocinar.

Continuamos la ruta y en Dambulla pasamos por delante del Buda de Oro, visible desde muchos puntos de la ciudad por su gran tamaño, y proseguimos hasta el Templo de Oro de Dambulla.

Tras subir unos 200 escalones, llegamos a este conjunto de cinco cuevas excavadas en la montaña. Cada una de ellas se encuentra repleta de numerosas estatuas de Buda, de antiguos reyes y que frescos que cubren sus paredes y techos. Sin duda, uno de los lugares del viaje que más nos impresionó al transportarnos siglos atrás de historia. Aunque algunas zonas han sido restauradas, mantiene la esencia original en cada rincón.

El enclave del hotel donde hicimos estas dos noches fue sencillamente espectacular. Un estilo moderno y minimalista en contraste con la paz de la naturaleza que lo rodea es lo que ofrece el Jetwing Lake. Un must de hotel para poder visitar las poblaciones adyacentes.

Día 7: Dambulla – Sigiriya

Si vais a Sigiriya es imprescindible madrugar ese día para poder iniciar a primera hora su visita porque el calor que hace según va avanzando el día es sofocante.

Esta antigua roca sagrada está rodeada en su base por antiguos jardines y restos de la que fuera la ciudadela. Atravesándola se llega hasta el primer conjunto de escaleras que suben al nivel intermedio donde se encuentra la Puerta del León, conocida por sus famosas patas de león talladas que aún se conservan en muy buen estado. Desde este punto se inicia la subida del último tramo de escaleras (no apto para personas con vértigo) para abordar en su cima lo que fue el palacio del Rey Kasiapa. Actualmente quedan únicamente las bases de su construcción, pero imaginar lo majestuoso que tuvo que ser rodeado de esas vistas 360° de naturaleza salvaje te deja sin aliento.

Volvimos a bajar y recorrimos una pared muy curiosa conocida como la Pared Espejo que ha recogido información valiosa de visitantes de Sigiriya desde el siglo VII en adelante. Lamentablemente fue pintada con grafitis que destruyeron gran parte de los mensajes al eliminarlos. Al final de esta pared se encuentran las escaleras para subir hasta los frescos que aún se conservan del siglo V, representando mujeres que se creen pertenecientes a la corte del Rey. Aquí no pudimos hacer fotografías, pero bien hubieran merecido la pena por los detalles que tenían para esa época.

Encuentro con la Tradición

Sri Lanka es un país tradicional, y su avance en comparación con la mayoría de los países asiáticos es más lenta, así que queríamos conocer su forma de vida más rural, aunque bien es cierto que a día de hoy han introducido mejoras. Nos dirigimos a comer a un poblado local donde dos mujeres esrilanquesas cocinaron para nosotros. Kottu, verduras con curry o kokis fueron algunas de las delicias que prepararon para nosotros. Esta cocina destaca sobre todo por sus sabores con fuerza que consiguen a través de las especias y el picante.

Al regreso al hotel descubrimos en la primera planta había un restaurante chino, y después de tantos días inmersos en la gastronomía del país nos pareció una buena idea hacer un cambio de aires. No nos equivocamos, comimos un hot pot que nos supo a gloria y fuimos los únicos comensales del restaurante, así que fue un broche perfecto para finalizar el día.

Días 8 -11: Nilaveli Beach

Dudamos entre volver a Maldivas o tener unos días de playa en Sri Lanka, y nos decantamos finalmente por esta opción para evitar coger más vuelos y descubrir un destino nuevo.

A unas 3 horas y media de trayecto se encuentra la Playa de Nilaveli, justo al norte de la ciudad de Trincomalee. Esta zona es muy tranquila, con hoteles a pie de playa y perfecta para unos días de relax.

Nos alojamos en el Hotel Uga Jungle Beach, y todo lo que pueda describir no alcanzaría a reflejar lo bien que nos hicieron sentir. Tanto el personal como la gastronomía o el cuidado del resort son aspectos para destacar. El precio es elevado, pero merece la pena cada euro destinado a ello.

Como nos gusta hacer snorkel en familia, en esta ocasión destinamos uno de los días a ir al Parque Nacional de Pigeon Island. Esta isla coralina en mitad del Índico tiene una gran variedad de peces y corales, donde también vimos una tortuga y un tiburón de punta negra. El color turquesa de sus aguas es espectacular y su arena de un blanco que reflecta aunque aviso de que son muy recomendables unos escarpines para poder caminar tranquilamente por sus playas sin problema.

Día 12: Polonnaruwa

Nos pusimos de nuevo en ruta hacia Triángulo Cultural del país porque nos habían quedado lugares por visitar y aprovechando nuestro regreso hacia el este de la isla planificamos una noche adicional en esta zona.

Según llegamos fuimos a visitar Polonnaruwa. Primero tuvimos una breve introducción en el museo sobre la relevancia que había tenido en la historia del país, pudiendo ver reproducciones de cómo fue la ciudad durante su esplendor. Después nos dirigimos a la entrada donde se pueden alquilar las bicicletas para recorrer el conjunto histórico. Solo uno de nosotros fue el valiente que se animó a ir sobre dos ruedas con el calor que apretaba, así que si tenéis la posibilidad de hacer esta visita a primera hora de la mañana sin duda hacedlo.

La que fuera antigua capital del país durante dos siglos (XI – XII) aún conserva gran parte de la infraestructura civil, de templos y estupas de esta etapa y se ve muy influenciada por la arquitectura de India al tener lazos los reyes cingaleses con las princesas provenientes de este país vecino.

Al final del recinto se encuentran los Budas de Gal Vihara, que son 4 estatuas de Buda en diferentes posturas tallados en roca en el siglo XII.

Parque Nacional de Kaudulla

Comimos casi por obligación porque nos podía la emoción del plan que teníamos preparado para esa tarde: un safari en el Parque Nacional de Minneriya. Este parque colinda con el Parque Nacional de Kaudulla y el de Hurulu, y al desplazarse las manadas entre ellos, lo que hacen es comunicarse los rangers con los guías para buscar el mejor emplazamiento donde ver estas manadas. En nuestro caso se encontraban en Kaudulla, así que allá fuimos.

Tras unos 30 minutos en nuestro todo terreno llegó nuestra recompensa: un gran número de elefantes asiáticos de todos los tamaños estaban a nuestro alrededor. Conocimos sobre su comportamiento, su fisionomía y sobre todo disfrutamos con tranquilidad del momento que se quedó grabado en nuestras retinas.

Regresamos a cenar y a dormir a Amaya Lake, donde se pueden ver animales que se acercan a beber a su lago.

Día 13: Colombo

Esta mañana salimos un poco más tarde hacia la capital para evitar un madrugón de despedida. Después de comer aprovechamos para hacer un tour por la ciudad donde descubrimos los principales puntos desde el coche. Es cierto que esta parte nos suele gustar recorrerla a pie, pero Colombo no tiene un centro de ciudad muy determinado y no teníamos tiempo suficiente como para perdernos por nuestra cuenta así que nos pareció buena opción.

Desde el distrito 7 donde se encontraba nuestro hotel, callejeamos hasta llegar a algunos de los edificios conmemorativos de la independencia de los británicos y otros cuya arquitectura denotaba esa herencia del pasado colonial de la ciudad.

El Barrio de Pettah es una locura donde nos hubiera encantado perdernos a cotillear y regatear por sus gangas, pero no hubo ocasión, ¡quién sabe si en algún futuro volveremos! Entre sus calles descubrimos también uno de los edificios más llamativos: la Mezquita de Jami Ul-Alfar, que con sus ladrillos de colores rojos y blancos llama la atención de todo el que pasa por delante.

Aprovechamos a nuestro regreso y subimos a la piscina de la azotea de nuestro Hotel Jetwing Colombo 7. Imprescindible un atardecer con esas vistas para despedir un país que se ha quedado en nuestros corazones.

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