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    Diario de Viaje: Isabel en Croacia

    En uno de nuestros últimos veranos, el destino elegido fue la Perla del Adriático ¡Croacia!

    Tengo que decir que era un destino al que a mi chico le apasionaba visitar, y después de conocerlo, puedo decir que ¡es uno de nuestros destinos favoritos!

    Nuestro viaje comenzaba en Madrid hasta Split, en verano suele haber vuelos hasta esta ciudad.

    Un traslado nos llevó hasta nuestro alojamiento, en el centro de la ciudad, donde estaba nuestro hotel de Split, muy bien situado, a dos pasos del paseo marítimo y del centro histórico, donde llegábamos andando por una calle peatonal.

    El día que llegamos, nos acercamos a la playa de arena de Bacvice, que está en el centro de la ciudad, hay muchas calas y playas en las cercanías de Split.

    Cuando el calor ya no apretaba mucho, subimos al monte Marjan, se accede por unas escaleras en el paseo marítimo. A media altura de las escaleras ya hay buenísimas vistas, si estáis cansados o hace calor, no hace falta subir hasta arriba del todo.

    Otra visita desde Split es a la ciudad de Trogir, se puede ir en bus y podréis visitar la Catedral de San Lorenzo, que se divisa desde prácticamente cualquier punto de Trogir, el Castillo del Camarlengo, construido por los venecianos como puesto de vigilancia y residencia del gobernador, la Torre de San Marcos, el punto de reunión es la Plaza Juan Pablo II, donde se encuentran la Catedral de San Lorenzo, la Iglesia de San Salvador, el Palacio Ducal y el Palacio Cipico.

    A vuestro regreso a Split, podréis cenar y tomar algo, en la Calle Majstora Jurja, es una de las zonas con más animación, hay muchos locales, aunque es en verano cuando el ambiente es más numeroso.

    Sin duda la joya de la corona de Spalato (Split en su nombre latino), es el Palacio de Diocleciano, fuerte militar, pero utilizado como villa residencial, que tiene forma de rectángulo irregular y está rodeado por murallas. Visitamos sus 4 puertas: Ferrea, Aurea, Platea y Latón, además se puede bajar a sus sótanos, explorar el Peristilo, ver la Catedral de San Domnio o el Templo de Júpiter. Visita cultural obligada si pasáis por Split.

    Desde Split se puede ir en ferri hacia muchas islas, Brac, Korcula, Vis…pero nosotros elegimos Hvar, es mejor comprar los tickets el día de antes o cuando llegáis a la ciudad, como mínimo, ya que se suelen llenar pronto y si vais el mismo día lo más probable es que no haya billetes. Se compran directamente en el puerto, en las taquillas de la naviera.

    Una de las excursiones por excelencia es a las Islas Pakleni, preguntamos precios a distintos puestos de alquiler de barcos.

    Los arrendatarios os dan unas instrucciones, muy básicas, de cómo manejarla, no tiene mucha historia. Recomendable llevar bebidas y comida para el tiempo que estéis con la barca (entre 5-6 horas).

    El encanto de Hvar está en la mezcla de estilos, gótico, renacentista y veneciano. Paseamos por su Riva, sus calles empedradas color marfil y con sus monumentos, la Catedral de San Esteban, el Convento de los Franciscanos, el Teatro Antiguo y La Fortaleza Española, este edificio se llama así porque colaboraron ingenieros españoles. Tomamos el ferri de regreso a Split por la tarde-noche.

    ¡Fue (y sigue siendo) una de las mejores experiencias que hemos tenido de nuestros viajes!

    Antes de dejar Split, recogimos nuestro coche de alquiler que nos acompañó por gran parte del país, pusimos rumbo hacia el siguiente punto, Zadar.

    Nosotros fuimos en verano (pleno julio) y para visitar la ciudad os recomendamos que lo hagáis por la tarde, ya que hace menos calor y podréis disfrutar de la famosa puesta de sol en el paseo marítimo a la altura del Sea Organ. Las olas chocan con el “órgano del océano” y hace que cada ola tenga música propia.

    Llevaros el bañador porque os podréis bañar a lo largo del paseo marítimo.

    En Zadar, aprovechando que teníamos coche, lo dejábamos en el aparcamiento del casco antiguo antiguo y el precio era muy económico, importante, llevar monedas para el parquímetro.

    Otro de los días, fuimos hasta la Isla de Pag desde Zadar en coche (20km). Podéis parar en la ciudad de Pag para visitar el pueblo y después ir hasta la playa de Zrce. La carretera por la que se baja, la conduce directamente hasta un parking privado, enfrente de la playa y las discotecas. A la vuelta paramos en la playa de Sveti Duh.

    Al día siguiente tomamos nuestro coche y fuimos a uno de los puntos fuertes de Croacia, los Lagos de Plitvice.

    Nuestro hotel estaba dentro del parque, la oferta hotelera es escasa o está alejada de la entrada al parque, pero merece la pena, porque disponíamos de parking y al día siguiente, al madrugar para entrar a los parques, estábamos enfrente de la entrada.

    El precio de la entrada al parque Nacional de los Lagos de Plitvice es de 180 Kunas (23,75€) aproximadamente, incluye el paseo en barco por el lago más grande (lago Kozjak) y el trayecto en trenecito turístico (de abril a septiembre) que te acerca a la entrada del parque, está genial para el regreso, después de terminar la ruta elegida.

    Hay ocho rutas para recoger el Parque en función del tiempo que quieras estar allí y de la dificultad. La duración de las rutas van desde las 3 horas hasta las 6-8 horas.

    Los Lagos de Plitvice se dividen en dos: los Lagos Superiores (12 lagos) y los Lagos Inferiores (4 lagos). El lago Kozjak conecta los Superiores con los Inferiores y normalmente se cruza en barco. Las aguas de los lagos inferiores son las que tienen ese color azul turquesa tan espectacular que vemos en las fotos y por ello reciben mayor número de visitantes. Además, en la zona de los Lagos Inferiores se encuentran la “Gran Cascada” de Croacia y una de las cuevas más famosas del parque, la Šupljara Cave.

    El recorrido está muy bien señalizado, no hay ningún tipo de perdida. Con el mapa que te facilitan al entrar en el parque y los carteles indicando las letras del recorrido que tienes que seguir, recorrimos el parque a nuestro ritmo.

    El parque sólo tiene un problema, en los lagos no te puedes bañar.

    A la mañana siguiente, volvimos a tomar nuestro coche y nos fuimos a nuestra última parada, Dubrovnik.

    Tuvimos que pasar un control fronterizo entre Croacia y Bosnia, a día de hoy, es obligatoria la “green card”, pero cuando fuimos con el DNI y carnet de conducir era suficiente.

    Os recomiendo que paréis en el pueblo bosnio de Neum, tiene su encanto y como parada corta, está bien.

    Cuando fuimos, la serie de “Juego de Tronos” estaba en pleno apogeo y Dubrovnik era “Desembarco del Rey”, hay (o había) visitas guiadas de la serie.

    Nuestro apartamento estaba en el casco histórico, por lo que no necesitamos el coche, así que lo dejamos en la oficina de alquiler el mismo día que llegamos.

    La Puerta de Pile sirve de entrada principal a la miniciudad medieval.

    Nada más pasar la Puerta de Pile, nos encontramos con el punto de acceso a las murallas (casi 2 km de longitud). Recomendable visitar la muralla a primerísima hora de la mañana o por la tarde, ya que el calor hace estragos y no hay demasiada sombra. Se tarda alrededor de 1 hora y media.

    La catedral de Dubrovnik, es uno de los edificios que más destacan de la ciudad, su cúpula sobresale entre el resto de tejados.

    En las localidades cercanas a Dubrovnik hay zonas de baño, pero lo más cercano es la isla de Lokrum, que se va en barco-taxi desde el puerto viejo. Pasamos el resto del día en la isla, ya que el buen ambiente y el calor, invitaban a bañarnos.

    El eje principal de la ciudad de Dubrovnik es la Calle Stradun, la calle más concurrida de la ciudad, con farolillos, restaurantes y escaleras. En esta calle están muchos de los edificios más importantes, como el Monasterio de Santo Domingo y la Fuente de Onofrio, con forma circular. El recorrido por la calle Stradun va desde la Puerta de Pile hasta la Plaza Luza. En ella se encuentran varias atracciones turísticas destacables, como la Torre del Campanario, el Palacio de Sponza y la Iglesia de San Blas.

    Otro de los puntos que nos gustaba era el Puerto Viejo, era perfecto para tomar algo o comernos un helado, especialmente de noche, ya que tiene un ambiente tranquilo y romántico.

    En Croacia, gastronómicamente, son generosos con las cantidades, si queréis probar algo típico, es el cevapi, son rulos de carne (igual que las hamburguesas, pero en rulos) con una salsa de pimientos muy rica. La cocina croata tiene influencia húngara, turca, italiana, griega…, muy recomendable. Os vais a encontrar bares y terrazas a cada paso, así que podéis comer y beber en cualquier sitio.

    Una de las preguntas que más me hacen los clientes es el tema de “cuánto vale comer o beber”, Croacia tiene precios parecidos a los españoles, no es de los destinos más económicos a los que he viajado, pero sin duda, uno de los que más recomiendo.

    Sin duda, volveremos a visitar Croacia para perdernos por sus empedradas calles y playas.

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