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    Diario de viaje: Isabel y su viaje de novios a Hawaii y Japón

    Cuando te embarcas en la aventura de casarte, todo lo preparas con máxima ilusión, pero trabajando en Madox, el viaje era el punto fuerte para culminar esta aventura. Teníamos claro donde queríamos ir…Hawaii – Japón, ¡nos esperaban!

    Aloha!! Hawaii!!

    Nuestro viaje de novios comenzó en la isla hawaiana de Maui, el viaje fue largo, pero mereció tanto la pena, que enseguida te olvidas de las horas de vuelos y escalas.

    Para movernos por las islas, teníamos coche y les sacamos el máximo partido, ya que las distancias son largas y nos dio mucha libertad.

    Estuvimos 5 días en esta isla y fue un auténtico paseo por las nubes, ya que subimos al volcán de Haleakala, que está a 3055 metros de altura.

    Hicimos la excursión en helicóptero por la isla de Maui y Moloka’i, nos aventuramos entre las montañas que transportaban directamente a la película de Parque Jurásico, sobrevolamos el trocito de Pacífico entre una isla y otra y pudimos comprobar los diferentes microclimas que tienen las islas.

    Nuestro hotel estaba en la playa de Napili, donde accedíamos directamente a una tranquila calita de aguas turquesas, perfectas para darnos un baño y hacer snorkel.

    Todos los días nos perdíamos por las islas, ya que nos gusta dejarnos llevar, comimos sus platos típicos como el cerdo kalua, el laulau o el lomi lomi.

    ¡Nuestra siguiente parada del viaje de novios fue…Oahu!

    No podíamos ir a Hawaii sin visitar su capital, de hecho, la recomiendo 100%.

    Nuestro hotel estaba situado en una paralela a Waikiki, así que podíamos dejar el coche y caminar por sus principales calles para cenar o hacer compras.

    Visitamos el Memorial de Pearl Harbor, donde huele a historia reciente. Se pueden visitar los cinco lugares históricos que lo forman, invertimos casi día completo en su visita, si vais, es una visita obligatoria, tened en cuenta que es al aire libre, así que elegid un día que no llueva.

    Los días siguientes los invertimos en recorrer la isla sin rumbo fijo, nos íbamos parando en los miradores, en las diferentes playas de la isla como Makapu’u o Lanikai, que resultó ser nuestra favorita, increíbles vistas, tranquilas aguas y un tiempo envidiable hicieron que nos relajásemos y nos dejásemos llevar por el ritmo hawaiano.

    Sus aguas cristalinas, perfectas para surfear o hacer actividades acuáticas, el centro histórico Pearl Harbor, la famosa playa de Waikiki y el buen rollo que trasmiten sus gentes, hacen que quieras volver al Paraíso de Hawaii.

    Antes de dejar atrás nuestra primera parte del viaje, no podíamos irnos sin hacer una Luau, fiesta hawaiana, con bailes y comida típica de las islas, fue el broche para dar el salto al siguiente destino…

    El país del sol naciente, ¡Japón!

    Cruzamos el Pacífico en vuelo directo hasta llegar a Tokio, donde nuestros compañeros nos dieron la bienvenida al país, al llegar al hotel y admirar las vistas desde sus grandes cristaleras, desde donde se mezclan altos rascacielos, la Torre de Tokio y pequeños edificios que parecen estar sobreviviendo a las luces de neón y luminosa cartelería que inunda la ciudad cuando anochece.

    Al llegar a la habitación, quizá, lo que más puede llamar la atención sean sus famosos WC, con mil botones que parecen espaciales, dejamos el equipaje y comenzamos a pasear por los alrededores del hotel.

    Desde el primer momento, nos sentimos muy seguros en Japón (y en Hawaii), sus gentes son de una educación y amabilidad exquisita, predispuestos a ayudarnos.

    Uno de los principales contras que creen los clientes, es el tema del idioma, estad tranquilos, ya que por señas nos comunicamos mundialmente y además, en Japón (y en casi toda Asia) los indicadores vienen en anglosajón y los restaurantes con fotos de los platos, así que no hay excusa que valga para viajar!

    Tengo que decir que nuestros viajes son muy gastronómicos, ya que nos gusta comer todo lo local que se pueda, así que en Japón no iba a ser menos, su gastronomía es espectacular y no solo es sushi, es ramen, udon, soba, teriyaki, okonomiyaki (de nuestros favoritos), sopa de miso… ¡podría estar hablando de sus platos típicos durante horas!

    Para movernos por Japón optamos por el transporte público, ya que es de los mejores del mundo, ya sea metro, buses o trenes ¡¡había que probar el famoso tren bala!! 

    Nuestro primer día completo comenzaba por el parque Yoyogi, donde el Santuario de Meiji Harajuku, nos estaba esperando, este tranquilo parque contrasta a pocos metros con la famosa plaza de Hachiko, lugar, que, si has visto la película o conoces la historia de este bonito can, es visita obligada, además que está cerca del famosísimo cruce de Shibuya, que os recomiendo que sea en hora punta, para que la afluencia de personas sea mayor.

    De ahí, fuimos a la milla de oro de Tokio, el barrio de Ginza, repleto de lujosas boutiques y tiendas de cosmética, polo opuesto de nuestro siguiente punto, el barrio de Akihabara, donde comerte un dorayaki te teletransportará a la mítica serie de Doraemon.

    Al día siguiente pusimos rumbo a Hakone, donde nos compramos la Hakone Pass, incluye teleférico, donde con suerte si no hay mucha nubosidad, podréis avistar el Monte Fuji, otra de las paradas con el teleférico, son unas minas de azufre, hicimos un crucero por el Lago Ashi, con sus toriis flotantes. Invertimos un día completo antes de regresar a Tokio.

    Otro de los días, visitamos Nikko, pequeña y tradicional ciudad del periodo Edo, nos encantó porque sus santuarios hacen que sea un centro religioso y turístico de obligada visita. Sus templos, arquitectura, el puente sagrado Shinkyo o la pagado de Tóshógú. Nosotros optamos por visitar Nikko, pero otra visita puede ser Kamakura.

    Los siguientes días fueron íntegros en Tokio, visitamos Kòkyo, Asakusa y una de las tardes-noches subimos al Skytree de Tokio, donde las vistas fueron increíbles, nos quedamos hasta que anocheció.

    La siguiente parada de Japón fue Takayama, pueblito típico en los Alpes Japoneses, donde la carne de Hida es exquisita, pudimos vivir la experiencia de dormir en un ryokan, darnos un baño en un onsen y enfundarnos en un kimono-yukata, sin duda uno de los mejores días del viaje.

    Cuando hicimos el check in, nos dieron la bienvenida con un té, un baño de pies y, en mi caso, pude elegir la tela de mi yukata. Teníamos media pensión, así que también elegimos la hora de la cena y el desayuno y pudimos elegir entre menú japonés o menú occidental, elegimos el japonés, ¡fantástica elección!

    Dimos una vuelta por casco viejo de Takayama, muchas de las casas de la época Edo son tiendas de artesanías o destilerías de sake, que reconocimos por sus grandes bolas de cedro a la entrada, visitamos sus templos y santuarios, antes de volver a nuestro ryokan, para disfrutar del onsen antes de la maravillosa cena japonesa en un cubículo para nosotros dos solos.

    A la mañana siguiente, dimos una pequeña vuelta por el mercado local de Takayama, está en uno de los márgenes del río, después pusimos rumbo hacia Kyoto, nuestro hotel estaba ubicado enfrente de la estación de trenes, dejamos las maletas y nos perdimos por la ciudad. Este día pasemos por los alrededores del hotel y por el barrio de Gion, probamos suerte por si veíamos a alguna gueisa, de ahí al barrio de Pontocho.

    El día siguiente fuimos a Nara, hacía mucho calor y humedad, así que id con ropa cómoda y fresca.

    Visitamos el parque de Nara, donde lo múltiples caminos nos llevaban a diferentes santuarios, y  el templo Todaiji, famoso por la estatua del Gran Buda y paseamos por el bosque de los ciervos.

    Invertimos el día completo en Nara, al regreso a Kyoto, fuimos a Pontocho para dar una vuelta y cenar antes de regresar al hotel, este barrio tiene mucha vida, con oferta cultural y de restauración.

    Al día siguiente, visitamos las diferentes zonas de Kyoto, temprano fuimos a Fushimi Inari, anduvimos por uno de sus múltiples senderos de Toriis que nos llevaron a pequeños templos, debido al calor, no subimos a lo más alto y visitamos Kiyomizu-dera, el Templo Kodai, el Santuario Yasaka o el Santuario Heian, de ahí, hacia Higashiyama-ku, uno de los barrios con más encanto de Kyoto, donde cenamos antes de regresar al hotel.

    Los demás días en Kyoto fue para visitar el Templo Kinkakuji, Ryoanji, Kitano, el Castillo Nijo o el Palacio Imperial y el bosque de bambú de Arashiyama.

    Por Kyoto nos movimos en bus, ya que está muy bien comunicado, comprábamos la Kyoto Bus Pass de día completo y nos recorrimos la ciudad con sus autobuses.

    Para movernos por Japón, teníamos la Japan Rail Pass de 7 días, que cuadramos a la perfección con las visitas para sacarle el máximo partido.

    El último día, nuestro vuelo regresaba a Madrid por la mañana, fuimos en tren desde Kyoto hasta el aeropuerto de Osaka, aterrizamos por la noche en Madrid y pusimos el punto y final a esta aventura.

    ¡Sayònara!

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