Praga, ciudad de milagros y prodigios
Del Niño Jesús de Praga al Golem, hay tres lugares emblemáticos en esta antigua capital y dicen que los tres conceden deseos. Iniciamos un recorrido por la Praga mágico-religiosa para los más necesitados de ayuda.
Que Praga es ciudad muy turística no hace falta decirlo. A partir de mayo, con el buen tiempo, se llena de visitantes. La gente se suele apelotonar en la plaza para ver cómo los doce apóstoles salen cada hora del famoso reloj astronómico, cuando un esqueleto da el toque de difuntos. Otros prefieren oír los conciertos de música clásica, o simplemente pasear por el puente de Carlos IV o la plaza de Wenceslao.
Pero también está la Praga mágico-religiosa para los necesitados de ayuda. Hay tres lugares emblemáticos en esta antigua capital y dicen que los tres conceden deseos. El primero está situado en el famoso puente de Carlos, donde se alzan 31 estatuas de santos. De todas ellas la más famosa –y dicen que la más antigua- es la de san Juan Nepomuceno que fue confesor real y al cual el rey Wenceslao IV ordenó lanzar, en 1393, desde el puente por no querer decirle los pecados de la reina, y las aguas del río Moldava recibieron su cuerpo.
El santo guardó el secreto de confesión pero aquello le costó la vida. Hoy es –debido a su forma de morir- patrón contra las inundaciones y también protector ante las calumnias. Bajo su estatua hay un bronce que representa el momento en que su cuerpo fue arrojado. No se sabe por qué pero, desde hace muchos años, la pieza con la escena grabada comenzó a desgastarse de tantas manos como por ella han pasado porque dicen que trae suerte. Al lado otra pieza representa a un perro, y por ella también pasan la mano los turistas, esta vez para poder volver a Praga. Es mejor ir de noche con la ciudad iluminada, que es cuando hay menos gente.
La leyenda del Golem
La segunda historia y seguramente la más alucinante es la del Golem. Eran los tiempos de Rodolfo II de Habsburgo, época de esplendor de la ciudad, cuando ésta era capital del reino de Bohemia. Vivían entonces grandes figuras como los astrónomos Tyche Brahe o Johan Kepler, y todo lo cabalístico estaba de moda. El famoso puente une los dos barrios mas típicos de la ciudad: Malá Strana (barrio pequeño) y el Stare Mesto (ciudad vieja). En este último se encuentra el barrio judío, o por lo menos lo que de el queda.
Dicen que alguien convenció a Hitler para que no lo destruyera pues podía quedar como museo. Conserva tres sinagogas, pero lo más importante es su cementerio judío con 12.000 tumbas en doce capas superpuestas. Merece la pena la visita, siempre que se compruebe antes los horarios de apertura. En el camposanto se encuentra –cerca de la entrada- la tumba del rabino Loew. Puede que a mucha gente no le suene. Es el creador del famoso Golem, al cual dio fama tanto la literatura como una película del célebre cine negro de los años veinte. Hasta Borges le dedicó un poema.
Loew, que vivió a finales del XVI (1512-1609), construyó –exactamente en 1573- una noche bajo uno de los puentes una figura de tamaño natural con barro del río Moldava. El muñeco, que puede considerarse un antecedente de Frankenstein, cobraba vida cuando se lo ordenaba el rabino y hacía todo tipo de encargos, pero sobre todo protegía el barrio judío de ataques antisemitas. El caso es que, o bien el rabino se descuidó o el Golem empezó a descontrolarse y atacaba a los animales y asustaba a las gentes.
Deseos escritos
Así que el rabino terminó con él borrando la primera letra de su frente: «emet» (que significa verdad) y dejándolo en «met» que en hebreo significa muerte. El caso es que en la tumba del rabino mucha gente mete papelitos entre las piedras con deseos escritos con la esperanza de que se cumplan. Algunos hasta entonan cánticos.
El tercer lugar para la petición de deseos es la iglesia de Nuestra Señora de las Victorias (o Santa María Victoriosa) donde en un lateral y protegido por una vitrina de cristal se encuentra el Niño Jesús de Praga, que fue traído desde España en el siglo XVI y entregado a los carmelitas. La devoción se incrementó en 1637, cuando comenzaron una serie de prodigios y, desde entonces, ante él siempre hay gente pidiendo favores, tanto checos como turistas. Todas las mañanas, las monjas del cercano convento le cambian las lujosas vestimentas donadas por devotos de todo el mundo.
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