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BALI LA ISLA DE LOS VOLCANES ESPECIAL NOVIOS
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Cada viaje a la isla de los dioses cambia sutilmente. ¿Quién quiere un paraíso estático? Sorprendentemente aprecias en este Bali de la nueva era una base de tradición que sigue siendo lo que enamora, lo que lo hace único. Es única en su perfume: a inciensos, a flores blancas, al humo de los cigarrillos especiados, a pollo a la brasa, a pimienta, a canela...Es única por su sentir: la vida y la muerte se festejan con una sonrisa, con una procesión repleta de manjares y flores camino al templillo de algún dios. Es única por su música, por sus sombras chinescas, por su naturaleza, por sus playas...

En la Bali tradicional se aprecia ese toque moderno y exclusivo que coloca a la isla entre las más caprichosas del mundo

Pero de esta Bali tradicional también aprecias ese toque moderno y exclusivo que coloca a la isla entre las más caprichosas del mundo. Sus hoteles son un espectáculo de perfección, de diseño y exclusividad; sus restaurantes rebosan en pecados capitales; sus noches son de lo más canalla; sus olas, precipicio para surfistas; su arquitectura, un ejemplo de finura; su arte, la nueva tendencia... y así un largo etcétera. Bali es eso, tradición y modernidad cortados por el mismo patrón armónico con el que está trazada la vida de sus habitantes.

Por su espíritu cambiante y porque nada es igual que ayer, una y otra vez es bueno recorrer esos lugares que le dan a la isla su carácter de unificidad. Hay tantas rutas por hacer y lugares por descubrir. Pero entre todos ellos, algunos sitios son de obligada visita. Esos son solo algunos de ellos...

El alternativo sur

Cuando se llega a Bali, después de 20 horas de vuelo, con su respectiva escala en Bangkok o en Amsterdam u otro aeropuerto, lo primero que pisas es su capital, Denpasar. Por proximidad, se recomienda pasar los primeros días en esta zona, al Sur de la isla. Es el rincón más desarrollado. Está repleto de hoteles de lujo, playas maravillosas y casas de ensueño. Para vivir el Bali más moderno hay que integrarse en ese triángulo que lleva el nombre de Canggu, Ulu Watu y Kuta.

Por la noche todo se llena de luces de neón y comienza una marcha que dura, si uno se deja, hasta el amanecer

Se podría decir que éste es el triángulo del consumismo, de la promiscuidad, de los deportes de agua -sobretodo del surf-, del derroche... Por las calles de Kuta, por ejemplo, se oye hablar en italiano, en alemán, en inglés australiano...Por las noches todo se llena de luces de neón y comienza una marcha que dura, si uno se deja, hasta el amanecer. Durante el día el deporte rey es el surf. Junto a la costa, donde por cierto hay unas playas preciosas, se pueden ver las lanchas de los surfistas. Cada día se llevan a estos pingüinos de mar a unos cuantos metros de la costa, «es donde mejor se cogen las olas», te dicen. Y así debe de ser, al menos por la cantidad de gente que aterriza en la isla en busca de esas 'olas'.

Está bien ver este desfase de Bali. Pero puede que para descubrir su lado más tradicional y auténtico haya que empreder ruta hacia el interior, siguiendo la estela de los instintos. Comenzar a dejarse cautivar por los campos de arrozales, por el paisaje verde cegador de sus montañas tenues y por esa perspectiva de una horizontal solo interrumpida por el perfil del volcán Batur.

Pero en ese trayecto, justo en el momento en el que el sol inicie su huida y el cielo azul comience a teñirse de rojos, hay que acudir a los templos de Ulawulu y de Tanah Lot, entre Dusa Nua y Kuta. El espectaculo desde luego lo da la naturaleza y los monos, cuidado con ellos, que no cesan de robarle a los turistas despistados y hacer pequeñas maldades. Es habitual que a esa hora y en estos lugares haya grupos de bailarines haciendo sus particulares danzas al sol.

Hay más templos que habitantes... En cada casa hay un pequeño templo dónde habita el alma de algún dios

No se puede entender Bali sin la música ni la danza, sin el arte ni sin sus dioses. Se dice que hay más templos que habitantes en la isla. Y puede ser. Cada casa tiene su pequeño templo donde habita el alma de un dios y cada mañana los balineses preparan la cocina para esos dioses. Es habitual vivir en la isla alguna ceremonia. Son bellísimas. Todos se visten con sus ropas de gala de colores llamativos; todos acuden a algún templo para llenarlo de música, danzar y, por supuesto, para alimentar a sus dioses. Por eso, es normal ver a las mujeres por las carreteras con esos jarrones inmensos de frutas en las cabeza o a los hombres con cestillas de arroz recién cocido. La fotografía es bellísima. Solo una cosa, hay algunos templos en los que se puede entrar, en la gran mayoría es obligatorio ponerse un sarong (tela de colores bellísimos, que se envuelve alrededor de la cintura).

Ubud, corazón cultural

Si hay un lugar mágico en Bali es Ubud, la capital cultural de la isla. Antes de llegar a la ciudad pasas por una serie de pueblitos que merecen una parada. Son pueblos de artesanos. Todos y cada uno dedica su vida a la confección de un artilugio, ya sea móviles para el techo, cometas, mesas, sillas, muebles de bambú...Ese carácter artesanal ha hecho que muchos negocionantes de todas las partes del mundo acudan con frecuencia a Bali en busca de piezas únicas y bellísimas confeccionadas a capricho. Así se llega a la ciudad de las musas.

Si las musas existen deben de estar aquí al menos ésa es la razón por la que Ubud está llena de artistas, escritores, bohemios...La ciudad no es más que unas cuantas calles que se cruzan entre sí dejando a un lado y otro de las aceras galerías de arte...todos los caminos llegan al Mercado de Pasar Ubud. Aquí encuentras cientos de tienditas de todo tipo: unos venden inciensos, otros ropa, otros lienzos con mujeres danzando, instrumentos musicales...el regateo no solo es obligatorio sino un arte.

Ubud es un tumulto de gente deambulando de un lado a otro, cientos de motocicletas, procesiones mortuorias...

De nuevo en la calle, Ubud nos enseña quién es: un tumulto de gente deambulando un lado para otro, cientos de motocicletas con familias enteras haciéndose hueco en sus minúsculos sillines, bicicletas, alguna procesión mortuoria y música...se escapan las notas de alguna especie de xilófono que roza la monotonía. Si se sigue la estela sonora de ese pentagrama invisible se llega al teatro de Ubud, en el Palacio Real Puri Saren. Es una de las joyas arquitectónicas de la ciudad (data de 1890), a buen seguro habrá un grupo de estudiantes practicando la melodías que interpretarán horas más tarde en este palacio...Todos los días a las siete y media de la tarde suele haber algún espectáculo de música, danzas o sombras chinescas.

Los días de estancia en Ubud hay que visitar al menos dos museos: el de Antonio Blanco y el Neka Art. Ambos son una maravilla no solo por dónde están situados sino por el arte que encuentras allí. Antonio Blanco es conocido en la isla como 'el Dalí balinés' y ciertamente si se ven sus fotos, es tal cual. Dice la historia que en los años 50 llegó un pintor español a la ciudad de Ubud en busca de inspiración. Las hadas no sé si surgieron, pero lo que sí apareció fue una bella balinesa, una bailarina que con el tiempo se convertiría no solo en su mujer sino también en el let motiv de sus cuadros. Hoy se puede recorrer su vida e historia en lo que fue la casa del pintor.

No hay que irse de Ubud sin pasar por el Café Lotus o sin dejar que pase el tiempo en alguno de esos impresionantes hoteles inmersos en el silencio de la selva. Si se busca un lugar para descansar, éste es sin duda. Camino al norte, donde volveremos a encontrar mucho silencio, muchas celebraciones religiosas, algún que otro impresionante mercado -es recomendable acudir a alguno de ellos, se comprenderá mucho sobre la vida en Bali-, hay que animarse a hacer la excursión hacia el volcán Batur. Bali está llena de volcanes pero puede que Batur sea uno de los más impresionantes. Se organizan rutas que llegan hasta la boca del volcán. Ver Bali desde esa altura (1.717 metros) es toda una experiencia. Al menos para darte una idea de cómo es de verdad este paraíso de los dioses.

Y luego...continuará la ruta que te dicten tus instintos.

 
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