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Noruega ofrece a sus visitantes la perfecta combinación entre la bella naturaleza, con las cristalinas aguas de los fiordos bañando las verdes laderas, y la cosmopolita capital, con las numerosas atracciones y la rica vida cultural que ofrece cada uno de sus pueblos. En Oslo, podrá perderse en algunas de las más singulares galerías, entre las que destacan el Museo de los Barcos Vikingos, el Museo Folklórico, el Museo del Esquí y La Fábrica de Vidrio de Hadeland. Además, el Parque Vigeland se erige como un auténtico museo al aire libre, en el que la obra del escultor Gustav Vigeland recorre el ciclo vital a través de más de 200 esculturas de seres humanos desnudos. Citas también casi obligadas para quien visite la capital noruega son el representativo edificio del Ayuntamiento y el Nobel Fredssenter, donde cada año se entrega el Premio Nobel de la Paz. Y a tan sólo 20 minutos del centro podrá sumergirse en la siempre apasionante y sorprendente naturaleza noruega, que le permitirá relajarse dando un agradable paseo a pie, en bicicleta, autobús o barco. Pero, sin duda, pocos lugares en el mundo tienen unos parajes tan característicos y sorprendentes como el oeste del país nórdico, zona conocida como la Noruega de los fiordos. Allí, podrá encontrar fiordos profundos, quebrados y estrechos, con cascadas y laderas de montañas que se proyectan en picado al mar y también fiordos anchos y afables, en los que la fecunda tierra agrícola y la abundancia de pesca han creado un perceptible bienestar. En cualquier caso, las largas distancias y las altas montañas marcan la costa en la Noruega de los fiordos, dividida en cuatro provincias, en las que se conservan nueve viejas iglesias de maderos erguidos, típicas de la zona. Møre og Romsdal, la zona más septentrional, acoge el fiordo Geiranger, que puede ser descubierto en barco o kayak. La zona sorprende a los visitantes por los fuertes contrastes de las animadas ciudades y la flamante industria local con las zonas rurales y de naturaleza virgen. |