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Si hay algo que pueda definir a Japón es, quizá, un breve poema de Haiku esa composición poética que consta tan sólo de 17 sílabas repartidas en tres versos de 5, 7 y 5 sílabas respectivamente. Poemas breves, fugaces, pequeños y delicados. En Japón la grandeza se encuentra en la extrema meticulosidad y en las cosas sencillas. En las miniaturas y en la simplicidad de las formas. Son estos los elementos que mejor definen el esplendor de Japón. Pero la simplicidad no sólo es propiedad de la literatura, sino que es la norma y el esquema que rige la vida de los japoneses. Meticulosidad y simplicidad que se percibe en la ceremonia del té, el delicado rito que invita a la paz y a la serenidad; en el cuidadoso y exquisito trabajo de los bonsáis; en la belleza de los jardines de piedra, roca y arena, todo ello dispuesto de tal forma que no puedan verse las aristas desde todos los ángulos; o en el Ikebana, arreglo floral que respeta la estructura triangular que representa el cielo, el hombre y la tierra. Y es que en Japón cualquier gesto se convierte en ceremonia, en rito y en minuciosidad. Una simplicidad que envuelve todo, fruto de las enseñanzas de la filosofía Zen que invitan a la contemplación de lo pequeño y a descubrir la belleza en lo simple, tan sólo para transmitir el mensaje de que la existencia está llena de misterios y de que, aún la cosa más menuda e insignificante, expresa la realidad última. Japón está compuesto por una isla central, Honshū, y otras tres islas principales, Hokkaidō, Shikoku y Kyūshū, conectadas mediante túneles y puentes. Si lo que desea es ver el Japón ultramoderno debería visitar las metrópolis de Tokio o Nagasaki. La increíble y dinámica capital japonesa combina edificios de apartamentos diminutos y multitud de bloques de oficinas con antiguas casas de madera, establecimientos de kimonos o posadas japonesas. Situada en la llanura de Kanto, esta ciudad japonesa, después del terremoto de 1923 y tras los bombardeos estadounidenses durante la II Guerra Mundial, se volvió a levantar. Al oeste de Tokio se erigen los lujosos barrios comerciales, así como galerías privadas. En el barrio de Ginza se puede disfrutar de un paseo con numerosas sitios de interés y el parque Ueno-Koen, con algunos de los museos y exposiciones más atractivos de Tokio. Al noreste de la metrópoli se encuentra el barrio de Asakusa, uno de los enclaves budistas más dinámicos de Japón. En el barrio de Shinjuku, al oeste del centro, fíjese en las inmensos fluorescentes deslumbrantes, pantallas de videos en la calle, austeros templos, cabaret e infinidad de restaurantes de pasta japonesa. Kioto es la capital cultural de Japón. Paseando por el centro de la ciudad contemplaremos los jardines de guijarros, los increíbles templos japoneses o las geishas. Al noroeste de Kioto se encuentran los impresionantes templos Zen. La ciudad de Nagasaki, aunque sigue marcada por los horrores de la destrucción nuclear, es una floreciente ciudad portuaria. Nagasaki ofrece espectaculares vistas a sus visitantes. Japón es un país que hechiza, que cautiva, que hace perder los sentidos y que invita a realizar un culto a lo efímero, a la búsqueda de la paz interior y a la conquista de la belleza. Japón es una tierra en donde, además de los miles de templos budistas y santuarios sintoístas, la misma naturaleza improvisa una frugal composición de colores, aromas y sonidos que se combinan de tal forma para crear el más bello poema de Oriente. Japón es un viaje al más allá, un viaje a lo indescriptible. |