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La India, con sus casi tres millones de kilómetros cuadrados, posee dimensiones prácticamente inabarcables. Su población, mil millones, habla más de 60 lenguas e innumerables dialectos, además del inglés. Durante siglos ha sido gobernada por distintas y muy variadas dinastías. La fascinación que sintieron muchos imperios siempre acabó convirtiéndose en una invasión. Así, el subcontinente si se ha caracterizado por algo es por esa extraña habilidad en acomodar al invasor, en hacer de la ruptura continuidad, de la división, diversidad. De ahí que conocer la India sea tarea difícil, casi imposible. Con este diccionario, dedicado a todos los que aman este inmenso país que es casi un mundo, intentamos aproximarnos.
Empezaremos en Agra, la ciudad del Taj Mahal, para bajar rumbo al sur a Bangalore, el Silicon Valley de Oriente, no nos detendremos ni en Benarés ni en Bombay porque estas ciudades hoy se llaman Varanasi y Mumbai, por lo que tendrá que buscarlas en la V y la M, repectivamente. Proseguiremos por la fascinante Calcuta (aunque hoy se llama Kolkata), para detenernos en la histórica Delhi y terminar en la isla de Elephanta... Descúbralas
De la fantasmal y mágica Fathepur Sikri, efímera capital del imperio mogol, buscaremos lo que queda de la ex colonia portuguesa de Goa. Si lo que queremos es montaña y no sol, tendremos que detenernos en la H de Himachal Pradesh, el estado donde se emplaza el exilio tibetano de Dharamsala. La I es para la India, en general, y la J esconde ciudades fascinantes del enigmático Rajastán, la tierra de los príncipes rajputs: Jaipur, Jodhpur, Jaisalmer... Descúbralos en MadoxViajes
La siguiente letra del abecedario nos conduce directamente al paraíso de Kerala y a los templos profanos y sexuales de Khajuraho. La L es para Ladakh, en el norte del subcontienente; la M es la inicial de la caótica y fascinante Mumbai (antes Bombay), motor vibrante de la India, mientras que la N da nombre a la remota tierra tribal de los nagas, Nagaland, y la O es la inicial de la recóndita Orissa, ajena todavía hoy al turismo.
Tras dejar el Punjab, la tierra inmensa de los sijs, tomaremos el tren Himalayan Queen rumbo a Shimla, el que fue lugar de recreo en verano para los británicos que vivían en el subcontinente durante el Raj. Nos detendremos en la R de la sagrada Rishikesh, también bajo los Himalayas, para después viajar a la capital de verano de Cachemira, la bella y anhelada Srinagar. En el extremo opuesto del subcontinente aguarda Tamil Nadu.
De la plácida y palaciega Udaipur, en el Rajastán, nos desplazaremos hasta la enigmática Varanasi (antes Benarés), para presenciar el espectáculo de la vida y la muerte bañados por las aguas sagradas del río Ganges. Otra clase de espectáculo aguarda en Wagah, en la frontera con el vecino Pakistán, al igual que en las orillas del río Yamuna, en su confluencia con el Ganges y el mítico Saraswati en Allahabad, donde se celebra cada catorce años el Kumb Mela. La Z de Zanskar será el punto y final.
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