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TREKKING FISH RIVER CANYON NAMIBIA
NORTE AMERICA - ESTADOS UNIDOS

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Trekking en el Fish River Canyon

El Fish River puede presumir de ser el río más largo de Namibia, con 650 kilómetros. Su encajado recorrido está reconocido como uno de los mayores cañones del mundo, después del Colorado, y no es un recorrido para turistas incautos sino una propuesta para los que saben andar.

Montar la tienda de campaña sobre la cubierta de un viejo Land-Rover no fue fácil. No era una tarea muy ardua, pero los novatos tienen que pagar el impuesto de la inexperiencia. A pesar del calor del medio día, la noche ha sido muy fría y el grupo que va a recorrer el Fish River Canyon se despierta con esa aceleración propia del nerviosismo. La va a ser un reto para muchos...

A los aficionados al trekking no hace falta explicarles qué es, ni dónde está, el Fish River Canyon. Este paraje remoto de Namibia es una de sus metas mundiales, uno de esos tesoros naturales de África cuyo nombre se cita invariablemente en las conversaciones sobre grandes viajes. El Fish River puede presumir de ser el río más largo de Namibia, con 650 kilómetros. Su encajado recorrido está reconocido como uno de los mayores cañones del mundo y no es un trazado para turistas incautos sino una propuesta para los que saben andar.

Aquí todo es extremo. El calor es siempre un obstáculo. Y los médicos de un puesto de vigilancia del parque a veces supervisan el estado físico de los que se introducen en el Cañón. En definitiva, es una aventura que llega a los 550 metros de profundidad y 161 kilómetros de longitud.

Sin vuelta atrás

Sus 90 kilómetros centrales se suelen recorrer en unos cinco días en los que hay que llevarse a cuestas las provisiones necesarias y hacerse a la idea de que no se puede dar marcha atrás. Además, habrá que elegir la mejor temporada, porque las temperaturas pueden superar los 60 grados. Incluso si optamos por la época menos calurosa, desde marzo a abril, el río suele llevar mucho agua.

La historia y el entorno son aquí dramáticos. Es éste uno de esos lugares llenos de aventureros de todo el mundo dispuestos a cualquier cosa. Para empezar, tienen que llegar hasta el desierto de Namib y, desde Luderitz, hacer las siete horas de carretera hasta llegar a este paraje que está considerado una de las grandes maravillas naturales de África. En realidad no es un cañón, sino dos, uno encajonado en el otro.

Los caminantes parten del observatorio de Hobas, desde el que se contempla buena parte de lo que nos espera, para luego descender 550 metros hasta el fondo del cañón ayudados incluso por cadenas.

Los primeros doce kilómetros ya nos dan una idea de los que nos espera. Por eso la llegada a Palm Springs, con sus agua termales, son un descanso para todos. Hasta el más tímido se libera de mochila y botas para un primer baño en las aguas termales que relajan los músculos. Todos saben que lo más difícil está por llegar. El tramo entre Palm Spring y Causeways es el tramo más dramático. Piedras sueltas, el aviso de alguna serpiente y un calor plomizo sin la menor brisa de aire fresco.

Referencias históricas

A pesar del cansancio, el dramatismo del paisaje hace de las jornadas algo memorable. El calor solo remite cuando acampamos en la noche. Los momentos más brillantes son cuando se llega a Three Sisters Rock Towers o a Table Mountain. No faltan incluso las referencias históricas, cuando Thilo von Trotha fue asesinado 1905 por los Namas, una de las hostiles tribus que habitaban la zona, y hostigaban mucho a las tropas alemanas.

La última etapa es mucho más blanda. No sólo por ser un camino fácil y con buen firme. También influye el saber que después de doce kilómetros llegaremos a Ai Ais, uno de esos pueblos anónimos de Namibia. Esta vez el reclamo está muy claro. Agua para beber sin tener que usar pastillas potabilizadoras, un buen baño en el jacuzzi y cerveza helada.

Quien no se atreva con el reto del trekking puede emprender ruta en un vehículo por la una carretera de 25 kilómetros que recorre el lado oriental del cañón, interrumpida por una serie de miradores. Se puede hacer la ruta en coche fácilmente y sin vértigo parando en los mejores puntos para contemplar el cañón y las aves que lo sobrevuelan. Otra forma de hacer el Fish River es dejarse llevar por el río, en una experiencia de sólo apta para intrépidos pero que merece la pena probar al menos una vez en la vida.

 
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